Fotografía

Una visita a Fushimi Inari-Taisha

Me ha costado más de cuatro meses volver a enfrentarme a estas fotografías. Japón ha sido un antes y un después en mi vida, y mentiría si dijera que no siento nostalgia cuando vuelvo a estas imágenes. 

Pero en algún momento había que comenzar a ordenar estos recuerdos y qué mejor que uno de los lugares más conocidos de Japón, el pasillo de torii anaranjados que son ya un icono fotográfico de Kyoto, el santuario sintoísta Fushimi Inari-Taisha.

Así que inicio esta serie sobre el viaje a Japón por Fushimi Inari-Taisha, porque fue nuestra primera mañana allí, después de un largo viaje y ya habiendo probado nuestro primer desayuno japonés en el hotel de Kyoto, lo que nos pedía el cuerpo era comenzar a disfrutar de las vacaciones.

 

Una mañana en Fushimi Inari-Taisha

Al santuario de Fushimi Inari-Taisha se llega en tren de la línea JR. La parada se llama Inari, así que no tiene ningún tipo de pérdida. Y justo al salir de la estación, junto a un montón de personas que decidieron visitar la zona el mismo día y a la misma hora, ya se comienzan a ver las puertas o torii de color rojo anaranjado.

 

 

 

El recinto es espectacular, una inmersión en la cultura japonesa total. No sé si llegué a pestañear, había demasiadas cosas nuevas en las que fijarse: la magnitud de los edificios sagrados, los detalles de la madera, los colores, la gente alucinando igual que nosotros… Es curioso como al final, acabamos repitiendo los mismos patrones y realizamos las mismas fotografías en los mismos sitios.

Me relajé. Quería fotografiar para mí. Al fin y al cabo, este no es un blog de viajes. Me dediqué a dejarme sorprender, y que esa sorpresa me pillara enfocando la escena.

 

Inciso fotográfico: En esta primera mañana, a la X-T10 le puse el 16-55 f2.8, que me servía para hacer tomas angulares y jugar con el zoom si no podía moverme demasiado de donde estaba, o no quería perder de vista a mis compañeros de viaje. Como complemento, la pequeña Olympus Pen EE-2, con un carrete en color que dio mucho de sí y que pronto también enseñaré en la sección #1mes1film.

En el pasillo de torii bajé la velocidad lo que mi pulso me dejó (¡imposible plantar allí un trípode!), y ya que no podía hacer desaparecer a la gente, me divertí capturando su movimiento. ¿Por qué no?

 

Seguimos avanzando entre la gente, y solo podía pensar como se pondría el santuario en verano o por Año Nuevo de gente. ¡Una locura! Y aún así, nos lo pasamos genial. Nos íbamos mirando de reojo y sonreíamos. Por fin cumplíamos el sueño de estar en Japón. 

Llegamos al inicio del camino de las puertas, que tiene un total de 4 kilómetros de extensión en el que se suceden los torii, cada uno de ellos donado por un comercio con el deseo de que el dios Inari, considerado el dios de la prosperidad de los negocios, sea propicio (en la antigüedad, los comerciantes lo veneraban para obtener buenas cosechas de arroz). Las inscripciones en japonés son el nombre de esas empresas y comercios. Curioso, ¿no?

 
 

Cruzar aquellos primeros tramos fue espectacular, como estar en una de esas películas que se han rodado en ese mismo escenario. Los torii se sucedían sin ver el fin, y a pesar de la cantidad de gente que había y de lo estrecho del camino, pudimos hacer una parte y deshacerlo para volver a la estación.

Antes de ello, encontramos lo que luego buscaríamos en cada templo, los puestecitos de ema, las tablillas de madera decoradas en las que la gente, además de personalizarlas, escribe sus deseos y las deja colgadas para que se quemen y sus plegarias lleguen a oídos de los dioses. Y también, los hilos llenos de papelitos anudados, los omikuji, malos augurios para ser también quemados y que no nos persigan en alguna vida.

Dimos la vuelta y… ¡Turno para las compras! Confieso que visitamos cada uno de los puestecitos de regalos que rodeaban el recinto, y comenzamos a comprar recuerdos para familia y amistades. ¡Era todo tan bonito!

Y ya empezaba a picar el hambre, así que probamos algunos platos callejeros… Y suerte de eso, porque después nos perdimos y nos constó encontrar otro sitio para comer. Pero esa historia ya la contaré en otra entrada.

 
 

¿Conocías Fushimi Inari-Taisha? ¿Te lo imaginabas así?

 

PD1: Bárbara también ha estado allí, ¡no dejes de visitar su blog!

PD2: Si quieres más información, en Japonismo te lo cuentan todo.

2 comentarios

  1. Bárbara
    18/02/2019

    Me ha encantado ver Fushimi Inari a través de tus ojos. Qué bonito cuando uno se relaja y hace las fotos para sí mismo. Las mejores sin duda 🙂

    Responder
    • Nuria
      03/03/2019

      ¡Totalmente de acuerdo! Cuando ya comencé a controlar el hecho de que era real que estaba allí, me relajé y pude hacer fotos a mi aire. Pero el lugar y la emoción imponen mucho. ¡Pronto más fotos del viaje a Japón!

      Responder

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