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Un arma precisa

Una tarde en la Torre Eiffel

Durante el verano estuve escribiendo mucho sobre París, a la espera de que llegaran las vacaciones. Ahora, cuando ya vuelvo a tener horarios fijos y los días son más cortos, me apetece revivir este viaje imagen a imagen. ¿Te subes conmigo a lo más alto de la Torre Eiffel?

Después de tanto tiempo deseando coger un avión, por fin lo hicimos. Fue el 2 de septiembre, y no estábamos seguros sobre el tiempo que nos iba a hacer. En la maleta, botas de agua, paraguas y chubasquero. Que no utilizamos en toda la semana.

Llegamos a París y yo no sabía hacia dónde mirar. Los edificios, las plazas, los jardines, el Metro al descubierto. Qué suerte tienen las ciudades en las que su Metro sale a la superficie. Es mágico. Abandonar la oscuridad de los túneles subterráneos y ver por encima de los edificios el azul del cielo, las nubes, algunos rascacielos… Y la Torre Eiffel.

Me sorprendió su altura. ¿Es de risa, no? Me refiero a que ciudades que hemos visto en un montón de sitios, en fotografías, series de televisión, películas… Parece que pierden el misterio o la capacidad de sorprendernos. Pues todos esos esquemas se rompieron a medida que íbamos acercándonos a la Torre Eiffel, preguntándonos el uno al otro si nos imaginábamos que era tan grande. Luego descubrimos que fue construida para la Exposición Universal de París del año 1889 y que literalmente, el tema se les fue de las manos. Y es que en un principio, la idea es que fuera la seña de identidad de ese evento, por lo que una vez finalizada la Exposición Universal de París, se desmontaría y se trasladaría a la siguiente ciudad que la albergase. Pero sus dimensiones finales lo hicieron imposible.

Hicimos cola para el ascensor y comenzó a subir. Y a subir, y a subir. Llegamos al primer piso. El aire nos daba en la cara y nosotros nos asomamos a disfrutar de las vistas. Subimos al segundo piso. Y a lo más alto de la Torre Eiffel.

Así pasamos toda la tarde, subiendo y bajando, intentando resguardarnos del frío del atardecer en las tiendas, dando vueltas buscando un nuevo ángulo, un nuevo detalle, intentando no perdernos nada, buscando lugares con poca gente para poder disfrutar la experiencia. D. y yo nos íbamos sonriendo entre los turistas que se empujaban y se colaban en fotografías ajenas. Nos mirábamos y nos sonreíamos. Como en las películas, cuando los protagonistas cruzan sus miradas y todo desaparece a su alrededor.

Vimos como el cielo fue cambiado de color. De azul se convirtió en gris. Después en dorado. Y en un rojo intenso, hasta que el Sol se perdió en el horizonte. Hicimos muchas fotografías, así que ha sido un trabajo bastante complicado elegir sólo las que aparecen a continuación. ¿Te apetece volver a la Torre Eiffel conmigo?

¿Has estado París y has subido a la Torre Eiffel? Me encantaría conocer tu experiencia. Y si no has estado, ¿Cómo te la imaginas?